Si bien es cierto que se trata de una enfermedad que hasta el momento no tiene cura, también es cierto que no es incapacitante y que se puede tratar e incluso evitar. Las claves.

 

La diabetes es una enfermedad que se presenta cuando el nivel de glucosa, popularmente conocido como azúcar en la sangre, es demasiado alto. La glucosa proviene de la alimentación y es la principal fuente de energía. La insulina, una hormona que produce el páncreas, es la encargada de procesar la glucosa proveniente de los alimentos para que ingrese en las células del cuerpo y así utilizarla adecuadamente como energía. Algunas veces, el cuerpo no produce suficiente o no produce nada de insulina o no la usa adecuadamente. Estas tres circunstancias conducen a que la glucosa se acumule, se quede en la sangre y no llegue a las células.

Si bien es cierto que se trata de una enfermedad que hasta el momento no tiene cura, también es cierto que no es incapacitante y que se puede tratar e incluso evitar. Está demostrado que la vida de las personas que tienen diabetes puede ser bastante normal siempre y cuando tengan controles médicos, y un manejo adecuado de la alimentación. El problema es que el estilo de vida y las malas tendencias alimenticias y sedentarias de la población son terreno fértil para la diabetes.

Para nadie es un secreto que las bebidas azucaradas (gaseosas, jugos procesados, tés artificiales, bebidas energizantes), son causantes directas de los incrementos sustanciales de obesidad en el mundo y que los azúcares añadidos en estos productos (y en otros alimentos procesados) están relacionados directamente con la diabetes tipo 2. Incluso, estudios concluyen que las personas que tienen un alto consumo de bebidas azucaradas tienen un mayor riesgo de morir prematuramente, comparados con quienes no consumen dichas bebidas.

En ese sentido, los especialistas recomiendan que “todas aquellas personas que tienen diabetes se limiten o eviten el consumo de bebidas azucaradas, azúcares industrializados y pastelería en general”. Además, señala que cada vez son más los alimentos, que se comercializan sin azúcar y que son más saludables.

Por su parte, el famoso estudio Predimed, que ha servido para descubrir las bondades de la dieta mediterránea al mundo, ya apuntó que consumir legumbres (sobre todo lentejas) protegía del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Mientras que la Organización Mundial de la Salud, advierte que comer carne roja tal y como se hace en la actualidad, se relaciona con mayor riesgo cardiovascular, elevación de la presión arterial y alteraciones en la glucosa. Un panorama que cumple casi punto por punto la lista de factores del síndrome metabólico que desencadena la diabetes.