Practicarla diariamente ayuda a disminuir en un 37 por ciento el estrés y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

El hombre primitivo podría haber sido lo que hoy diríamos “un privilegiado”. Las investigaciones científicas lo presentan como polifásico, ya que alternaba fases de sueño y vigilia durante el día, una característica presente en la mayoría de los animales.

Sin embargo, en la actualidad, el ser humano no sólo perdió esta sana costumbre, sino que además, en los últimos 100 años también perdió 2 horas de sueño, en promedio, para poder adaptarse a ritmos de vida cada vez más acelerados.

La pérdida no es inocua. La falta de sueño incrementa el cortisol, que en exceso puede provocar diabetes y enfermedades cardiovasculares. Además, disminuye los niveles de la hormona del crecimiento, su antídoto, que se libera justamente durante el sueño. El problema radica en que esta hormona se encarga de estimular el sistema inmunológico, reducir el estrés y la ansiedad, ayudar a reparar los músculos y a perder peso.

El consejo es claro: Dormir una siesta en forma diaria, resulta una práctica muy beneficiosa para la salud.

 

Beneficios cardiovasculares

Un estudio dirigido por el Dr. Dimitrios Trichopoulos, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicado en el 2.007 en la revista Archives of Internal Medicine, constata que dormir la siesta después de comer, al menos 3 veces por semana, durante un promedio de al menos 30 minutos, reduce la mortalidad coronaria un 37 por ciento. Trichopoulos pudo corroborar además, que las personas que lo hicieron ocasionalmente, sólo mostraron una reducción estadísticamente no significativa del 12 por ciento.

Otro estudio presentado en el 2.015 en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, que evaluó la relación entre la siesta y la presión arterial, a cargo del Dr. Manolis Kallistratos, cardiólogo del Hospital General Asklepieion Voula en Atenas, pudo constatar que la presión arterial ambulatoria era 5 por ciento menor en pacientes que dormían la siesta, en relación con aquellos que no lo hacían, una cifra suficiente como para disminuir el riesgo de ataque al corazón.“Nuestro estudio demuestra que la siesta no sólo está asociada a una menor presión arterial, sino que cuanto más largo sea el descanso, será más beneficioso“, afirmó Kallistratos, quien también agregó que esta práctica puede disminuir la cantidad de medicamentos requeridos por los hipertensos.

 

¡Y siguen los beneficios!

Además de los beneficios cardiosaludables señalados, dormir la siesta brinda las siguientes ventajas:

  • Facilita el aprendizaje: aumenta en un 10 por ciento su capacidad de aprendizaje.
  • Aumenta la concentración: siestas de aunque sea 6 minutos facilitan el almacenamiento de la memoria a corto plazo y deja espacio para nuevos datos.
  • Estimula la creatividad: estimula la actividad del hemisferio derecho, region del cerebro asociada con esta capacidad.
  • Potencia la productividad: la NASA ha certificado que una siesta adecuada incrementa el rendimiento de un individuo hasta en un 34 por ciento.
  • Facilita la resolución de problemas: la fase REM del sueño (fase de gran actividad cerebral en la que soñamos), permite realizar diferentes conexiones entre ideas en menos tiempo.
  • Mejora los reflejos: un estudio de la NASA demostró que los que dormían una siesta diaria de 26 minutos, cometían un 34 por ciento menos de errores y duplicaban sus niveles de alerta.
  • Favorece la abstracción: favorece el aprendizaje abstracto o capacidad de detectar el patrón general de una nueva información.
  • Fomenta la positividad: los que duermen la siesta y pasan por la fase REM aumentan su receptividad ante la expresión facial de felicidad, mientras que quienes no lo hacen, manifiestan más ira y miedo.
  • Mejora el estado de ánimo: dormir produce serotonina, un neurotransmisor que regula el sueño, el apetito y el estado de ánimo, proporcionando sensación de satisfacción y bienestar.

 

Consejos prácticos a tener en cuenta

A fin de potenciar todos sus beneficios, la Fundación Española del Corazón(FCE) recomienda no sólo dormir la siesta, sino convertila en una rutina diaria. Y para lograrlo, recomienda:

  • Encontrar un lugar cómodo y tranquilo, con poca luz y temperatura agradable.
  • Realizarla entre las 13 y las 17 horas, período de mayor somnolencia, cuando los ritmos circadianos sufren una caída, más precisamente, entre las 3 y las 5 de la tarde.
  • Evitar que dure más de 30 minutos ya que, en ese caso, se puede obtener el efecto contrario.

 

Más información:

Fundación Española del Corazón
BBC Mundo
JAMA internal Medicine