La aneurisma de aorta abdominal afecta a uno de cada 10 hombres mayores de 65 años y provoca mil muertes al año. El diagnóstico temprano es clave para evitar complicaciones que pueden poner en riesgo la vida.

 

Los casos de enfermedades que afectan a la aorta, la arteria principal de nuestro cuerpo, están en aumento debido al envejecimiento de la población. Suelen no presentar síntomas, pero pueden poner en riesgo la vida, por lo que los especialistas subrayan la importancia de acceder a un diagnóstico temprano.

La patología aórtica comprende a un amplio grupo de enfermedades que, por diversos mecanismos y motivos, pueden afectar la aorta y en consecuencia la salud del corazón. Los aneurismas de aorta o enfermedades genéticas como el síndrome de Marfán son algunas de ellas.

El aneurisma de aorta abdominal consiste en una dilatación localizada de la pared de la aorta, principal arteria del ser humano. Tener un aneurisma de aorta abdominal se asocia a una alta mortalidad si no se lo descubre o trata a tiempo.

Su incidencia viene creciendo en los últimos años vinculado al aumento de la expectativa de vida. El aneurisma de aorta abdominal constituye la 10a causa de muerte en hombres mayores de 65 años. Se estima que en Argentina, la población afectada por esta enfermedad supera los 100.000 habitantes y que 1.000 personas fallecen anualmente por ruptura de aneurisma. El riesgo es mayor para fumadores y ex fumadores.

La importancia del chequeo

“En líneas generales, las afecciones de la aorta suelen ser asintomáticas hasta que se complican con rupturas o disecciones (rupturas incompletas de la pared). Si esto último sucede, la persona suele sentir un dolor muy intenso de aparición súbita en el pecho, espalda o abdomen, dependiendo de la región de la aorta afectada (tórax o abdomen). De ahí radica la importancia del chequeo médico y la realización de estudios de imágenes para detectar tempranamente si algo no está bien, poder realizar el tratamiento correspondiente y así evitar complicaciones que podrían ser fatales” afirma María de la Paz Ricapito, co-coordinadora de la Clínica de Patología Aórtica del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).

La especialista llama la atención sobre los factores de riesgo a los que prestar atención. “La hipertensión arterial es considerada uno de los principales factores de riesgo modificable para la dilatación de la aorta. Pero existen factores no modificables vinculados a la carga genética del paciente, ejemplos de estos últimos son el síndrome de Marfán, la presencia de válvula bicúspide y los antecedentes familiares de aneurisma de aorta” , subrayó.

La especialista destacó, no obstante, que es posible prevenir complicaciones mayores controlando los factores de riesgo modificables (hipertensión y tabaquismo, principalmente) y realizando un diagnóstico precoz a través de técnicas no invasivas de imágenes como el eco Doppler, la tomografía y la resonancia. “Cuando la aorta alcanza ciertos niveles de dilatación se debe realizar una cirugía profiláctica para evitar la ruptura. El tratamiento quirúrgico puede ser por cirugía convencional o por técnicas endovasculares” finalizó.

Fuente: Clarín