¿Podemos realmente encender o desactivar nuestros genes para cuidar el corazón?

Hay información sobre nuestra apariencia externa, ciertos rasgos de conducta y la predisposición a distintas enfermedades que está inscripta en los genes, del mismo modo que las acepciones de las palabras están incorporadas en el texto de un diccionario. Pero también existen factores externos, llamados “epigenéticos”, que modifican o regulan la expresión de esos genes: algo así como la mano que, con mayor o menor velocidad, abre o cierra el tomo para permitir o impedir que esas definiciones puedan ser leídas.

 

Encima de los genes

Aunque el término se acuñó en 1.939, sólo en los últimos años se advirtió el enorme impacto que tiene la epigenética en la biología. Incluyendo, por supuesto, la salud humana. El término, que significa “encima de los genes”, define a todo aquello que modifica la expresión de los genes sin estar relacionado con la secuencia del ADN, esto es, los mecanismos moleculares mediante los cuales el entorno controla la actividad génica sin alterar el orden de sus “letras” o bases. El estudio de la epigenética está abriendo una nueva perspectiva para no solamente entender el origen de las patologías cardiovasculares, sino también reforzar enfoques preventivos o inspirar el desarrollo de nuevas terapias.

“Un gran porcentaje de la influencia del medio ambiente sobre la actividad de los genes está mediado por factores epigenéticos”, sintetiza a CardioVida24 el Dr. Carlos Pirola, investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari, en Buenos Aires, quien ha estudiado estos fenómenos. La epigenética es, de alguna forma, el eslabón perdido entre lo que viene de “afuera” y la intimidad del ADN. Una forma directa de actuar sobre el encendido o apagado de nuestros genes.

 

Cambios epigenéticos

La epigenética opera a través de ciertas “marcas” moleculares, como el agregado de grupos simples de la química orgánica al ADN o a ciertas proteínas asociadas, las histonas. Estas modificaciones son heredables a lo largo de la división celular y, en algunos casos, también pueden ser transmitidas entre generaciones, lo que representa una variante no genética de la herencia. Pero, en la mayoría de los casos, reflejan el estilo de vida de la persona o incluso su devenir durante el desarrollo fetal.

Así, por ejemplo, los cambios epigenéticos serían los que explican (al menos en parte) los efectos positivos del ejercicio físico o de la dieta en la prevención de las enfermedades cardíacas. Y, también, los que servirían de fundamento para la inquietante y crecientemente documentada “teoría de la programación fetal”, según la cual, los bebés que nacen con peso bajo o excesivo, son más propensos a desarrollar en la edad adulta, diabetes, hipertensión y otras enfermedades. Como si los desequilibrios en la alimentación de la embarazada (u otros factores de estrés sufridos dentro del útero) dejaran una impronta latente en el hijo, que sólo se vuelve visible varias décadas más tarde.

Los nuevos avances en este campo ¿modifican las recomendaciones clásicas de los médicos para, por ejemplo, prevenir infartos o diabetes? En principio no, porque la epigenética lo que hace es permitirnos empezar a entender por qué ciertos hábitos, como limitar la comida chatarra, cuidarnos del exceso de sal o evitar el sedentarismo, resultan beneficiosos. Pero Pirola, quien es jefe del Departamento de Genética y Biología Molecular de Enfermedades Complejas del Lanari, plantea una “aplicación” más inmediata:tomar muy en cuenta la alimentación de la madre durante el embarazo para no condicionar el futuro de su bebé“Lo que pasa en esa etapa, ahora sabemos, determina el riesgo de enfermedades en la adultez”, dice.

 

CardioVida24 le resume las ideas claves de la epigenética:

  • Ayuda a entender por qué un estilo de vida saludable (dieta equilibrada, actividad física, control del estrés, etc.) tiene efectos positivos sobre el corazón y la salud cardiovascular en general.
  • Alerta sobre la importancia de evitar nacimientos con peso bajo o excesivo, porque eso incrementa el riesgo de diabetes e hipertensión en la edad adulta.
  • En el futuro, en base a estos avances, permitiría diseñar nuevos medicamentos específicos para prevenir o tratar patologías cardiovasculares.