Las figuras más representativas de la cirugía cardiovascular recorren la historia de los grandes avances, que prolongaron diez años la expectativa de vida.

La medicina argentina produjo los tres cambios más significativos de la cirugía cardiovascular de los últimos 50 años, sin ninguna duda. Esos grandes cambios fueron el bypass coronario creado por René Favaloro, el  stent coronario creado por otro argentino, Julio Palmaz; y el tratamiento endoluminal de las afecciones aórticas que hizo mi grupo. Los tres fueron hechos por gente nacida en este país”, sintetiza a CardioVida24 el cardiocirujano Juan Carlos Parodi, profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la Cleveland Clinic Foundation, y profesor invitado y doctor honoris causa en universidades de todo el mundo.

Parodi creó un método mínimamente invasivo para operar el aneurisma de aorta abdominal – una dilatación de la arteria principal que conduce la sangre del corazón a distintos órganos y significa la quinta causa de muerte en los hombres-. Este  procedimiento endovascular suplanta a la cirugía convencional, utiliza anestesia local en lugar de general y por su eficacia en la actualidad el 80% de los casos de aneurisma de aorta se tratan con este método que ya salvó un millón de vidas.

Llegar a semejante éxito no fué sencillo y Parodi relata la génesis de su desarrollo: “tenía treinta años y estaba en la Cleveland Clinic que fue y sigue siendo uno de los mejores lugares en el mundo; llegaban los pacientes más difíciles que eran rechazados en otros centros y yo lo que veía era que a pesar de la experiencia y la calidad de atención, la morbimortalidad era alta. Era muy frustrante ver pacientes que habían entrado caminando y una cirugía pensada para salvarle la vida terminaba con la vida del paciente. En esa época el paciente de alto riesgo podía llegar a más del 20% de mortalidad. Estaba aprendiendo a hacer arteriografías con un catéter (una delgada sonda) que se introduce mediante una pequeña incisión en la ingle y se me ocurrió que tal vez podía inventar un método similar al que se utiliza para insertar un barco dentro de una botella, poniendo una nueva arteria adentro de la que estaba enferma”.

El momento del ¡Eureka! fue después que dos pacientes murieran en cirugías en un mismo día. Entonces Parodi se dijo “voy a desarrollar un método que se aplique con anestesia local, que el paciente entre caminando, se introduzca por la ingle con un pequeño catéter y  le voy a fabricar una nueva arteria y con una curita en la ingle el paciente se va a levantar y se va a ir a su casa”.

 

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Su optimismo no recibió el eco esperado: “Mi jefe me dijo que era un pensamiento delirante. Entonces me fui al laboratorio, tomé acero inoxidable elástico y fabriqué un dispositivo preliminar que comencé a probar en animales. Y funcionaba. Pedí una beca para que me dieran el dinero para hacerlo en la Cleveland  pero me la denegaron. Terminé mi entrenamiento, me volví a la Argentina. Lo conocí al doctor Julio Palmaz, que fue quien desarrolló el stent, y él me ayudó a mejorar mi dispositivo. En el año 90 hice el primer caso en Buenos Aires que fue altamente exitoso.

¿Cuántos años pasaron entre la primera idea y el primer paciente?

“Catorce durante los que gasté mi plata, mi tiempo, nadie me apoyó ni ayudó, pero tuve una persistencia basada en la evidencia de que el método servía, por eso el día que hice el primer caso obviamente fue una gran emoción de ver que todo lo que había hecho había culminado en un éxito de esa magnitud. Estaba seguro de que funcionaba, tenía certeza intelectual. Fue una auténtica revolución”.

¿Qué cambios se produjeron desde los 90 hasta ahora?

“Se fueron mejorando los dispositivos, hay varias compañías produciéndolos, en las estadísticas mundiales la mortalidad por aneurisma bajó en forma significativa, cuatro veces menos mortalidad que en el procedimiento convencional en estudios comparativos y quedó demostrado que es un procedimiento durable”, sintetiza Parodi.

Cuerpo y alma

Aunque siente que Argentina es un país ingrato con sus  creadores, admite que su carrera tuvo múltiples reconocimientos memorables. Entre ellos uno inesperado, que lo marcó emocionalmente.

La historia tiene una prehistoria escrita en 1980 cuando un colega clínico lo llamó para operar a un humilde sacerdote que estaba muy enfermo. Era un jesuita que había hecho votos de pobreza, castidad y obediencia y no tenía recursos. Parodi no dudó en honrar su juramento hipocrático y le salvó la vida a un tal Jorge Bergoglio.

Ya convertido en el Papa Francisco, invitó al  médico que le había salvado la vida a visitarlo en el Vaticano. “Apenas me  vió me dijo seguís con  la misma cara que esa noche que te vi y pensé que me moría, vi aparecer a un médico joven con cara excitada que empezó a dar órdenes y yo pensaba este hombre está comprometido y me va a salvar. Después me acordé que me había regalado un libro de San Ignacio de Loyola, que me resultó muy interesante. Sí, vos me salvaste la vida porque yo tenía una gangrena de vesícula, que todo el mundo sabe que es altamente mortal”.

 

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“Uno tiene la vocación de ayudar. Por eso le decía a él que entre el sacerdocio y la medicina hay mucho en común: ustedes ayudan almas, nosotros ayudamos cuerpos”.

Puente al corazón

El mismo espíritu y la misma tenacidad marcaron la carrera de otro grande de la cardiología argentina: el doctor René Favaloro.

Comenzó su vida profesional en Jacinto Arauz , un pequeño pueblo de 3.500 habitantes en la zona desértica de La Pampa. Allí fundó un centro asistencial que le cambió la vida a toda la población y estuvo guiado por la convicción de que el acto médico debe estar rodeado de dignidad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento”, tal como consta en un documento biográfico publicado por la Fundación Favaloro.

¿Cómo construyó una carrera que lo convirtió en uno de los más destacados cardiocirujanos del mundo?

Favaloro viajó a Estados Unidos a la Cleveland Clinic, en donde trabajó primero como residente y luego como miembro del equipo de cirugía. “Al principio la mayor parte de su trabajo se relacionaba con la enfermedad valvular y congénita. Pero su búsqueda del saber lo llevó por otros caminos. Todos los días, apenas terminaba su labor en la sala de cirugía, Favaloro pasaba horas y horas revisando cinecoronarioangiografías y estudiando la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco. El laboratorio de Sones, padre de la arteriografía coronaria, tenía la colección más importante de cineangiografías de los Estados Unidos”.

 

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A comienzos de 1967, Favaloro comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. Llevó a la práctica sus ideas por primera vez en mayo de ese año. La estandarización de esta técnica, llamada del bypass o cirugía de revascularización miocárdica, fue el trabajo fundamental de su carrera, lo cual hizo que su prestigio trascendiera los límites de ese país, ya que el procedimiento cambió radicalmente la historia de la enfermedad coronaria”.

La Enfermedad Coronaria se caracteriza por obstrucciones de las arterias que irrigan el corazón y la angioplastía o cirugía cardíaca de by – pass es una técnica que consiste en saltear o puentear la obstrucción mediante un puente coronario con una vena o arteria extraída de otra parte del cuerpo. Así se normaliza la nutrición y oxigenación del músculo cardiaco.

“Hoy en día se realizan entre 600.000 y 700.000 cirugías de ese tipo por año solamente en los Estados Unidos. Su aporte no fue casual sino el resultado de conocimientos profundos de su especialidad, de horas y horas de investigación y de intensa labor”, continúa el documento de la Fundación Favaloro, fundada en 1975. En 1992 se inauguró en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro, que, bajo el lema “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”brinda servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco.

 

Del stent coronario a los supermateriales

Una nueva revolución de la cardiología mundial fue motorizada por otro argentino: el doctor Julio Palmaz, caracterizado por la misma tenacidad creadora que lo llevó a confesar su propia fórmula, tras leer un artículo en The Washington Post, que se titulaba “Fail, fail, fail… until you suceed” (Falla, falla, falla… hasta que triunfes.) “El consejo fundamental es acostumbrase a fallar. Un modo fácil de fallar es fallar y abandonar. En cambio, si uno aprende a fallar 15 veces, al final va a encontrar el triunfo. Si uno busca en la historia, las personas exitosas están acostumbradas al fracaso.”

 

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Con esa persistencia triunfalista el doctor Palmaz creó el stent cardíaco, una malla metálica de forma tubular que se implanta dentro de una arteria coronaria y  actúa como un armazón que mantiene abierto el vaso sanguíneo e impide que se vuelva a obstruir.

“El uso del stent intravascular tuvo un impacto importante en la terapéutica cardiovascular”, le comenta a CardioVida24 este creador que, lejos de detenerse en el triunfo, está inmerso en investigaciones para extender el uso del stent a las arterias de todo el sistema cardiovascular y, con más audacia, a las arterias cerebrales.

Con su compañía Palmaz Scientific, instalada en Silicon Valley, California, un equipo de especialistas en nanotecnología, alto vacío y otras tecnologías de última generación están trabajando desde el año 2001 en el desarrollo de stents intracraneanos, que tienen la mitad del espesor de un cabello y aspiran a lanzar  al  mercado en los próximos años.

“Los dispositivos cardiovasculares no variaron demasiado en los últimos treinta años. Les sumamos la capacidad de liberar drogas y biodegradación, pero llegamos al tope de nuestras posibilidades. Ahora estamos buscando en la nanotecnología los materiales biológicos que nos permitan trabajar en las arterias cerebrales. La nueva revolución, que ya se avecina, irá de la mano de estos supermateriales de alta tecnología”, define el Doctor Julio Palmaz.

El primer stent en la Argentina

El doctor Jorge Belardi fue el primer médico que colocó un stent coronario en la Argentina.

En una entrevista concedida a CardioVida24, el doctor Belardi, director del Departamento Cardiología del ICBA y ex presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología recuerda los comienzos de ese nuevo hito de la cardiología intervencionista: “En 1989, realicé la primera angioplastia con colocación de stent en el país. Los dos primeros pacientes fueron muy seleccionados, tenían que tener una obstrucción única en cierta coronaria. Fueron momentos muy intensos, vertiginosos y eufóricos. Planificábamos la intervención durante semanas. Aunque no estábamos libres de pesadillas: en esa época, el 3 al 5 por ciento de pacientes tratados iban a una cirugía de urgencia. Pero por suerte los pacientes anduvieron muy bien. Incluso, diez años después, los cateterizamos de nuevo a ambos”.

 

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Luego vinieron los estudios internacionales para documentar la eficacia de los stents: “Los comienzos del stent fueron inciertos durante cinco años hasta que salieron publicados dos estudios que fueron pilares para su aceptación. Uno de ellos fue realizado mayormente en Europa y yo coordiné una rama en Argentina. Se comprobó que, en comparación con el empleo exclusivo de angioplastia con balón, la colocación de un stent mejoraba los resultados a largo plazo. Para mediados de los ‘90, ya se había transformado en una práctica común”.

En el 2000, el doctor Belardi le realizó una angioplastia coronaria al entonces presidente, Fernando De la Rúa.

Aunque se podría presuponer que la difusión del caso ayudó a popularizar la técnica, él aclara que No, ya que “para ese entonces ya era un procedimiento de rutina. Fue una intervención simple, en la arteria coronaria derecha. Y salió muy bien. Por supuesto que tratar a una figura pública siempre implica una presión adicional. Pero me sentí muy respaldado por mi equipo.

La aparición de los stents que liberan medicamentos marcó otra revolución en el campo de cardiología intervencionista, porque se logró reducir de manera notoria la reestenosis (formación de un “tapón” en el interior del stent). Evolucionaron de manera exponencial del 2002 al 2007. Otra innovación más reciente han sido los stents bioabsorbibles, que se incorporan a la pared vascular como si fueran una sutura.

Todos estos procedimientos que motorizan los avances de la cardiología y se enmarcan bajo el paraguas de la cardiología intervencionista, no alcanzan a revertir el gran peso de las enfermedades cardiovasculares: constituyen la primera causa de muerte en mujeres y hombres de todo el mundo.

 

Prolongar la juventud

Es por esta razón que, a pesar de seguir despuntando en este terreno nuevo  de los supermateriales de alta tecnología, Palmaz admite que el  gran desafío de la cardiología sigue siendo la prevención.

A su criterio, las enfermedades cardiovasculares seguirán siendo, probablemente, la primera causa de mortalidad en el mundo. El punto será la edad en que esta espada de Damocles se hace presente en la vida de cada uno.

 

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“Cuando uno hace prevención empuja el límite de vida para más adelante. Las arterias envejecen con el tiempo y este proceso de envejecimiento es inevitable.Uno puede hacer estudios que determinen la edad de las arterias, que puede coincidir o no con la edad cronológica, pero aunque una persona tenga una vida saludable, el paso del tiempo finalmente  se manifestará. El desafío es lograr que esa manifestación sea lo más tardía posible. El éxito es que las personas tengan una vida joven, saludable y productiva más tiempo”.

Y para alcanzarlo, es necesario “que la gente realice ejercicios, baje de peso, si es diabética que controle su enfermedad, si es hipertensa su tensión arterial, que deje de fumar. En este sentido, cree que gracias a la circulación democrática de información que vehiculiza Internet el avance fue significativo. “Ha aumentado la consciencia de las personas sobre el control de los factores de riesgos, se mejoró mucho en los cambios incorporados al estilo de vida saludable y en la prevención cardiovascular”.

“Lo que no se hace en prevención y en las fases iniciales de la enfermedad después es más caro y tiene peores resultados”, comenta en la misma línea de pensamiento el Doctor Oscar Mendiz, Jefe del Departamento de Cardiología Intervencionista de la Fundación Favaloro y miembro del Directorio de laUniversidad Favaloro.

 

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Insiste con la pregunta más inquisidora y difícil: “Cómo combatimos esta epidemia que sigue matando a tantas personas”. Y responde: “en los más chicos, enseñándoles a comer saludablemente; en los adultos aplicando distintas medidas de control del riesgo cardiovascular. Además, son necesarias medidas políticas antipáticas, como aquellas que apuntan al control del tabaquismo, el estímulo a la producción de alimentos con menos sal y grasa, y la promoción de una vida saludable”.

“Las contribuciones de la cardiología aumentaron diez años el promedio de vida de la gente”, se entusiasma. “Pero es insuficiente. Si se sigue manteniendo el estilo de vida actual, sin actuar sobre los factores de riesgo, es probable que las futuras generaciones vivan menos que las actuales”, alerta y sugiere algunas medidas políticas que contribuirían a mejorar la salud cardiovascular de la población: reduciendo de manera dramática o eliminando impuestos (como IVA, ingresos brutos, derechos de importación) a medicamentos y dispositivos médicos; cobertura de salud a todas las personas; organización de un Programa Nacional de Tratamiento del Infartoque integre los esfuerzos del sistema público y el privado.

A pesar de los déficits, Mendiz reconoce los logros históricos de la cardiología argentina, que se prolongan en la actualidad: “Seguimos teniendo un rol destacado en el panorama mundial por reconocimiento académico, posiciones destacadas y participación de numerosos profesionales en Congresos, Universidades y Centros de Investigación de todo el mundo”. Potencialidades capaces de contribuir al desarrollo de las nuevas revoluciones del siglo XXI.