Los dos órganos más complejos de nuestro organismo tienen entre sí mayor relación de la que se pensaba.

La definición por penales de un partido de fútbol, los preparativos para una primera cita, la antesala de un examen final o un arrebato de ira pueden “convulsionar” los latidos o subir la tensión arterial. En sentido inverso, alteraciones de la irrigación sanguínea también pueden afectar las funciones cognitivas.

En las últimas décadas, se acumularon estudios que sugieren que la relación es de ida y vuelta, y más íntima de lo que se pensaba. Un nuevo campo, denominado “medicina corazón-cerebro”, se centra en la dinámica entre ambos órganos y sus efectos sobre la salud.

Diversas instituciones académicas y asistenciales en todo el mundo han desarrollado programas que estudian esta interacción. El Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) inauguró recientemente una nueva Unidad: Corazón – Cerebro, un programa de diagnóstico y cuantificación de factores de riesgo de la enfermedad cardio y cerebrovascular, “que permite preservar o recuperar la salud arterial cerebral, y de esta manera mantener intactas las funciones cerebrales superiores”.

Al corazón y al cerebro lo unen fenómenos nerviosos, vasculares y hormonales aislados o en combinación, explica a CardioVida24 el Dr. Augusto Vicario, presidente de la Sociedad de Cardiología de Buenos Aires (SoCBA-FAC) y responsable de la nueva Unidad, junto con el Dr. Gustavo Cerezo.

“Sin saberlo, cuando cuidamos el corazón, también estamos cuidando el cerebro. Y viceversa. Es un mecanismo de feedback de ida y vuelta. Como señalan en conjunto la Federación Mundial del Corazón y la Asociación Estadounidense de Alzheimer, lo que hace bien al corazón, le hace bien al cerebro”, añadió.

Hoy se habla del cerebro del corazón. ¿Qué significa?

Vicario: El corazón tiene más de 40.000 neuronas que trabajan interconectadas mediante neurotransmisores, enviando impulsos en forma directa al cerebro. Cuando se habla del cerebro del corazón se hace referencia al sistema nervioso autónomo que tiene el corazón, a través del cual regula la frecuencia cardíaca, la contracción y la presión arterial. Al mismo tiempo, la “amígdala”, que es una estructura cerebral que regula nuestra vida emocional, puede expresar respuestas neurovegetativas a nivel del corazón, como taquicardia, palpitaciones, temblores y sudoración.

¿Podría darnos un ejemplo de interconexión entre ambos órganos?

Vicario: La depresión es un reconocido factor de riesgo independiente e indicador pronóstico de la enfermedad coronaria. Mediante la disminución del tono vagal y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, desencadena arritmias que pueden ser fatales; altera la función del endotelio vascular y aumenta la adhesividad de las plaquetas (elementos sanguíneos que intervienen en la coagulación), favoreciendo las obstrucciones coronarias y los infartos de miocardio. A su vez, la depresión en los adultos mayores puede ser consecuencia directa de las lesiones vasculares subcorticales desarrolladas a lo largo de los años, por el mal control de los factores de riesgo vascular, tales como la hipertensión, el colesterol o la diabetes.

Tal como informa en su página web la Unidad Corazón-Cerebro del ICBA, la prevalencia de demencia en los países desarrollados declinó entre el 30 y el 40 por ciento en los últimos 30 años, lo cual podría atribuirse a una mejor salud cardiovascular. Así, enfermedades como el alzhéimer, hoy incurable, podría prevenirse o retrasarse evitando el tabaquismo y controlando la presión arterial, el colesterol alto y la diabetes.

CardioVida24 le sintetiza los puntos claves a tener en cuenta:

  • Al corazón y al cerebro los unen fenómenos nerviosos, vasculares y hormonales.
  • Los mismos consejos para conservar el corazón sano, como la dieta equilibrada, el control de la presión arterial o la actividad física, también benefician la salud del cerebro.
  • Actualmente, los médicos están particularmente atentos a la detección ytratamiento precoz de deterioros cognitivos leves en pacientes con enfermedad arterial, como aquellos con hipertensión, antecedentes de infartos o fibrilación auricular.
  • Del mismo modo, también prestan atención a la repercusión cardíaca de trastornos psiquiátricos, como la depresión.

 

Más información:
Instituto Cardiovascular de Buenos Aires