Pedro Lambertini nos cuenta su punto de vista acerca de esta tendencia que está tan de moda.

Muchas veces me ha pasado de encontrarme con personas quecreen que soy vegetariano: amigos de amigos, cocineros cuyos restaurantes visito, seguidores de facebook y twitter, etc. Ya estoy acostumbrado y puedo entender por qué se da la confusión.

Decir que me gusta la alimentación “natural y orgánica” puede resultar muy ambiguo y abarcativo y, se sabe, los seres humanos nos sentimos más cómodos poniendo rótulos en todos los ordenes de la vida. Cuanto más marcados son los perímetros de lo que queremos encasillar, más contento está nuestro cerebro porque le permite saber con exactitud matemática qué está adentro y qué está afuera de esa frontera. Ser tibio o moderado tiende a ser relacionado con no tener una postura definida o, como dicen los mal pensados, “querer quedar bien con Dios y con el diablo”. Nada de eso. Para míno hay nada más saludable que el término medio de las cosas.

En materia de alimentación esto es muy común, sobre todo porque es un tema tan en boga y tan candente que todos ven necesario estar a favor o en contra de algo. Y como siempre me dijo mi madre, los extremos se tocan. El fundamentalismo del vegano más acérrimo puede ser tan infundado como aquel que está ciegamente en contra de ellos.

A la hora de tomar una postura sobre el tema siempre privilegié el ser sincero conmigo mismo. Yo no soy vegano ni vegetariano, pero la verdad es que me encanta ese tipo de alimentación y considero muy necesario difundirla para que, aquellos que no conciben su alimentación si no es a través de un pedazo de carne, entiendan que hay tantos alimentos a nuestra disposición que sencillamente, no tiene sentido quedarnos con unos pocos. Respeto a quienes por cuestiones de creencia, consideración hacia los animales o salud, eligen o deben consumir alimentos cien por ciento de origen vegetal.

Para ser francos, no tengo los recursos para avalar o afirmar taxativamente si ese tipo de alimentación es saludable o no, dado que los conceptos en nutrición se encuentran en permanente evolución y yo no soy nutricionista. Pero basta ver otrora verdugos de la salud, hoy convertidos en alimentos saludables y, por el contrario, algo tan bíblico como el pan o tan básico como la leche, siendo hoy fuertemente cuestionados.

A la hora de definir qué es comer, pareciera que no existen verdades absolutas. Pero también es cierto que todos tenemos o deberíamos tener, una noción de lo que es comer bien y lo que es comer mal. En cierta forma es como si no nos quedara otra que guiarnos por nuestra intuición, así como conocer y registrar qué le hace bien a nuestro cuerpo.

Si tuviera que describir cuál es para mí la forma de alimentarme, y que me gusta trasladar a mi cocina, sería describiendo grupos de alimentos: frutas, verduras, cereales enteros e integrales, lácteos, frutas secas, semillas, legumbres, carnes. Todos en su estado más puro, es decir, lo menos procesados posible y de la mejor calidad.
En notas posteriores me detendré a aconsejarles qué productos conviene consumir, cuáles moderar y cuáles desterrar.

Quizás esto tenga que ver con la forma que fui alimentado de más chico, que se profundizó con la vocación por la cocina. Personalmente, prefiero una papa hervida con aceite de oliva extra virgen, sal y pimienta negra recién molida, que cualquier snack de kiosco con aceites hidrogenados y retrogusto ácido. Y esto no es una cuestión de mero esnobismo, mucho menos de dietas o sibaritismo impostado, sino simplemente una cuestión de placerUna croqueta de pollo congelada inerte sencillamente no me tienta, no es de mi paladar. Que una croqueta de pollo casera, preparada con un pollo de campo y “aceite de codo” (trabajo) sea más saludable, es una excelente noticia extra, pero para mí, que me gusta comer bien, no es la principal.

Y esa es la mejor forma de concebir y aprehender un hábito saludable porque, cito nuevamente a mi madre: “usted no nació para sufrir”. Ningún hábito saludable puede mantenerse en el tiempo si no nos causa placer.

Solamente debemos tener en cuenta algunos aspectos: saber qué comprar, cómo organizar nuestros alimentos, cómo armar nuestra alacena y tener ciertas nociones de cocina que nos permitan obtener buenos resultados. Sobre todo esto nos explayaremos en otras notas.

Mientras tanto les pido que me ayuden a cambiar el término “natural y orgánico” por algún otro que requiera menos explicaciones.

 

Aclaración: El contenido de la nota es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista. No expresa la opinión de CardioVida24.