Cuando las dietas no dan los mismos resultados para todos.

Todos los planes para el descenso de peso le sirven a alguien pero ningún plan le sirve a todos. Esa es la clave que explica porqué hay pocos éxitos en uno de los aspectos centrales de la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. La verdad es que un traje talle único no le va bien a todos.

El desafío de la pareja “paciente – nutricionista” es encontrar el traje a medida y se requiere que ambos colaboren dejándose tomar las medidas, sabiendo ofrecer el modelo que mejor funcione y haciendo todas las pruebas y correcciones que haga falta con paciencia y perseverancia.

Algunos ejemplos de consejos que se toman como universales pero fracasan en muchos pacientes son los siguientes:

“Debo comer cada 2 horas”. Basado en la idea de que realizar una pequeña colación antes del almuerzo o la cena, puede permitir que se reduzca el tamaño de las comidas principales. Esto funciona en algunas personas, pero si la ansiedad o el apetito pueden más, en lugar de achicar comidas estaremos agregando comidas extra.

“Debo comer más verduras y frutas”. El concepto es balancear mejor la alimentación, ya que pocas personas comen al menos las 5 porciones de frutas y verduras, que son la fuente de vitaminas, minerales y fibra. Pero si lo que buscamos es bajar de peso, esa fruta y esa verdura deben reemplazar a otras comidas, no agregarse. Algunas personas consiguen llenarse con esos vegetales extra y disminuyen el consumo de otros alimentos más ricos en calorías. Pero en otros, pueden simplemente estar agregándose más calorías.

“No debo comer harinas”. Más de la mitad de nuestras calorías vienen de los carbohidratos, especialmente harinas, por lo que es una buena idea reducir la principal fuente de calorías. Esto explica la alta tasa de éxito inicial de esta estrategia. Pero también hay personas que simplemente reemplazan pan, pizza y torta por mayores porciones de carnes, papas y helados, que pueden tener las mismas calorías, sin olvidar que un cambio tan grande de hábitos cuesta ser adoptado para siempre.

Estos ejemplos pueden extenderse a casi todos los planes de dietas que existen, ya sea que tengan base científica o mágica: cualquiera puede funcionar por un tiempo en algunas personas, pero ninguno es universal ni dura para siempre. Incluso los planes comerciales, con viandas, suplementos y tantas otras cosas, pueden ser útiles en algunos casos pero no por mucho tiempo.

Dicho sea de paso, el diseño de dietas basadas en los complejos mecanismos fisiológicos que ocurren dentro de nuestro cuerpo, es un doble error: en primer lugar, la regulación del peso no depende de una sola hormona o transmisor, ya que es un proceso muy complejo, regulado por muchas substancias. Y en segundo lugar, la conducta alimentaria depende de la voluntad y resulta de la interacción entre el individuo y la sociedad. Poco de química, mucho de psicología.

La conclusión es que cada persona debería ser estudiada, aunque sea brevemente, para estimar cuál sería la estrategia inicial de acuerdo a su situación particular. Y esto debe hacerse sin prejuicios ni preferencias por un plan específico, evitando repetir fracasos anteriores y aprovechando eventuales éxitos previos. El proceso seguramente será largo pero todo lo bueno se consigue con esfuerzo y dedicación.

 

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