La proporción de los nutrientes y su influencia en la pérdida de peso.

En los últimos años se verifica una tendencia a prescribir planes alimentarios reducidos en carbohidratos (≤45 por ciento de la ingesta energética) y altos en grasas (>30 por ciento).

Estas dietas se han tornado populares tanto en la clínica como en los medios de comunicación. Esto se debería en gran parte al hecho de que algunos expertos consideran que el incremento de la prevalencia de obesidad se relaciona con la recomendación establecida por las instituciones líderes de la nutrición mundial, de disminuir las grasas en el abordaje dietético.

Existen dos estrategias universales para el abordaje nutricional del control del peso. Por un lado está la disminución del aporte calórico y, por el otro, la manipulación de la proporción de nutrientes específicos. Sin embargo no existe evidencia de que ninguna dieta con diferente proporción de macronutrientes posea mayor eficacia en la pérdida de peso en el mediano y largo plazo. Las dietas balanceadas y reducidas en calorías asociadas a ejercicio habitual producen una pérdida de peso significativa, independientemente del macronutriente predominante. Más aún, a igual valor calórico total, las dietas bajas versus altas en grasas, no muestran diferencias sobre colesterol total, LDL y los principales factores de riesgo cardiovasculares en el mediano y largo plazo.

Para corroborar o desestimar esta práctica (el aumento de hidratos de carbono) entre los profesionales de la salud, hemos realizado una encuesta a mas de 5.000 agentes de salud, a través de un sitio web dedicado a brindar información a profesionales y estudiantes de la salud en hispanolatinoamérica. En dicho cuestionario se planteo la siguiente pregunta: “¿Cuál es su conducta ante un paciente con sobrepeso u obesidad respecto de la alimentación? Solo el 12,7 por ciento recomienda disminuir los hidratos de carbono. Es decir que, entre los agentes de salud evaluados, la recomendación de las principales entidades científicas, de reducción de grasas y aumentar los hidratos de carbono no es práctica habitual. Por tanto, no parece ser la causa de la epidemia de obesidad y por ende, no justifica el uso de dietas hiperproteicas y reducidas en carbohidratos.

Lamentablemente un gran número de profesionales continúa buscando el “santo grial” de la dietoterapia de la obesidad mientras desconoce el rol central del placer para generar la adherencia en el largo plazo. El mayor desafío en la dietoterapia crónica no es la eficacia en la pérdida de peso, ni siquiera sus efectos metabólicos, sino la adopción de un modo de vida saludable sostenido en el largo plazo.

 

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