La Dra. Harwicz nos advierte sobre la importancia de realizar ejercicio físico en forma regular para lograr un buen control de peso.

El sobrepeso es una condición que preocupa especialmente a las mujeres. Estamos atentas a la mirada estética, pero también se conocen los efectos nocivos de la obesidad.

Éste es el tercer factor de riesgo cardiovascular, luego de la hipertensión arterial, ocupando el primer lugar, después del tabaquismo y la inactividad física, que empatan en el segundo puesto.

La acumulación de grasa a nivel abdominal, definida como obesidad androide, central o “con forma de manzana”, es más común en los hombres y en la mujer durante la post-menopausia.

El tejido adiposo es reconocido como un órgano endócrino, productor de más de 200 hormonas, algunas conocidas como citokinas, que favorecen el desarrollo de diabetes y enfermedad coronaria.

Las mujeres, especialmente durante esa etapa, presentan una obesidad ginoide o con “forma de pera” por una mayor proporción de grasa a nivel de sus caderas.

Si bien para algunas puede resultar molesta desde el punto de vista estético, tenemos una buena noticia: a nivel de la grasa subcutánea de muslos y glúteos, se producen ciertas hormonas protectoras como la leptina y la adiponectina, que promueven un mejor control de los niveles de azúcar en sangre y protegen las arterias.

Además, la grasa localizada en las caderas cumple otra función vital: en etapa fértil, constituye el reservorio de energía durante la gestación y además favorece la lactancia.

Asimismo, durante esta etapa, los estrógenos favorecen un mejor control de los lípidos en sangre (colesterol en sangre). De esta manera, las caderas redondeadas en la mujer, ayudan a proteger la salud del corazón.

A partir de la menopausia, se produce una redistribución de la grasa, observándose un mayor depósito de la misma a nivel abdominal. La grasa abdominal, especialmente la que se encuentra cercana a las vísceras, determina un mayor pasaje de ácidos grasos al torrente sanguíneo, al hígado, páncreas y otros órganos.

Esta condición incrementa la producción de hormonas que favorecen el aumento de la presión arterial, alteran el metabolismo del azúcar, al generar una menor sensibilidad a la insulina, con un aumento gradual de los niveles de glucosa en sangre, y además, se asocia con una disminución del HDL (“colesterol bueno”) y un aumento de los triglicéridos.

Por este motivo es tan importante llegar a la menopausia con un peso saludable y mantener un estilo de vida activo.

Realizar actividad física ayuda a mejorar la condición física y la salud cardiovascular. Se asocia a un menor riesgo de enfermedades degenerativas, osteoporosis, ayuda a controlar las alteraciones metabólicas y además, es una excelente herramienta para manejar el estrés y controlar el peso.

A partir de los 35-40 años, el cuerpo comienza a perder naturalmente masa muscular y por ende, cuando intentamos bajar de peso, cuesta más desprendernos de esos kilos extras.

La única manera de mantener elevado nuestro metabolismo es aumentar el trabajo muscular con el ejercicio y de esta manera, “quemar” la reserva de grasas.

El estudio Brigham, realizado en los Estados Unidos, nos revela que las mujeres con un rango de peso saludable (IMC entre 18,5 y 25) luego de los 50 años, necesitan realizar 60 minutos de actividad física de intensidad moderada al día para mantener el peso, especialmente durante la peri-menopausia.

Sé que suena difícil, pero no es imposible. Si sabemos organizarnos, podemos hacer todas las actividades que ocupan nuestras vidas: estudiar, trabajar, ser exitosas en el trabajo y simultáneamente tener una familia, criar hijos, disfrutar de nuestros padres, salir con nuestra pareja, y divertirnos con amigas.

¡Intenten dedicar una hora diaria a ustedes mismas y salir a hacer ejercicio! ¡Vale la pena el esfuerzo y nos lo merecemos!

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